SATURNO DEVORANDO A SU HIJO. Una interpretación del cuadro de Goya
¿Y si Saturno fuera España? ¿y si Goya pintó una alegoría más allá de la mitología? El famoso cuadro de Goya “Saturno devorando a su hijo” puede ser perfectamente una crítica esperpéntica, un reflejo de la realidad de aq…

¿Y si Saturno fuera España? ¿y si Goya pintó una alegoría más allá de la mitología?
El famoso cuadro de Goya “Saturno devorando a su hijo” puede ser perfectamente una crítica esperpéntica, un reflejo de la realidad de aquella España del siglo XIX, como Cervantes y su Hidalgo en el siglo XVII, por ejemplo.
Esta visión, evidentemente, muestra una teoría de lo que pudo ser.
Y es que se sale de esa traducción oficial única de la obra –cosa que ninguna obra (pictórica, musical, literaria…) tiene, o debería tener, ya que hay múltiples interpretaciones-, pues la pintura admite varias interpretaciones como, por ejemplo, el tiempo que devora, el poder que destruye a sus propios hijos, la violencia histórica y un país que se consume a sí mismo.
Goya y su época
Cuando Goya pinta las Pinturas negras lo hace en un momento de desilusión profunda. Estamos ante un Goya ya mayor, sordo, aislado y con una visión cada vez más sombría del ser humano. Además, su vida quedó atravesada por la Guerra de la Independencia (Guerra contra el francés, 1808-1814), la represión y el vaivén político entre absolutismo y liberalismo, un contexto que alimenta una lectura histórica y amarga de la obra.
Concretamente estamos hablando de que esta obra es de 1820-1823, es decir, en España estamos en un periodo convulso. El General Riego inaugura el Trienio Liberal, en América se despedaza el imperio a cachos, el poderío naval de España va menguando, al igual que su imagen como potencia… Goya, recordemos, murió en 1828, por lo que estaríamos hablando del tramo final de su vida -y obra-.
Saturno como España
Si interpretamos la obra con otra cosmovisión, podemos ver que Saturno no sería solo el dios del mito, sino una figura del poder español: un poder paranoico, enfermo, envejecido, que para conservarse destruye aquello mismo de lo que se debería nutrir. En esa clave, el “hijo” puede ser el pueblo, la juventud, el futuro o incluso las posibilidades de renovación que el país va aniquilando una y otra vez.
En la obra se representa, según los expertos, a menudo, a Crono (Chronos) –el tiempo- que en la mitología romana es Saturno. Este ser aparece devorando a uno de sus hijos por temor, según la mitología, a ser destronado por él. Estamos ante una figura alegórica del paso del tiempo. Sin embargo, si accedemos a la interpretación de Barragán (2022), observamos que se trataría de un retrato satírico de Fernando VII devorando a España. Una traición, la ambición de un monarca, el desprecio a su pueblo –al cual abandonó y quien no le quiere-…
La posición de Goya
La posición de Goya en este cuadro denota su actitud no absolutista, una mente cambiante en la época, tachado a menudo de “afrancesado”. Se pone de manifiesto la visión de un artista que no pinta para agradar ni para explicar, sino para denunciar desde la oscuridad –su principal característica-. Y es que sus Pinturas negras rompen con la armonía neoclásica acercándose a un lenguaje violento, deformado y psicológico, más interesado en la verdad moral que en la belleza académica. La oscuridad es producto de su visión sobre España, y, a la vez, de su propia personalidad e ideología, a menudo ambiguas, cambiantes, negras, tristes… pero intentando acercarse a la realidad.
También puede interpretarse como una alegoría íntima, una lectura más personal si se quiere: un padre que devora a sus hijos por miedo a ser sustituido, una patria que sacrifica su porvenir por conservar el control, o una civilización que, aterrada por el cambio, se vuelve contra sí misma.
Por eso la obra funciona tan bien como imagen de aquella España: no solo muestra barbarie, sino una barbarie que nace del miedo a perder el poder. Una crítica a la monarquía, la guerra como consecuencia de ese poder del monarca, una revolución interna, un pueblo consumido…



